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Pirlo y Borja Valero, admiración entre trincheras

Borja Valero y Pirlo. Fuente: EFE
El rico Piamonte y la artística Toscana trasladaron hace tres décadas al césped sus rivalidades pasadas. La Juventus de Turín y la Fiorentina se juraron odio eterno en 1982, cuando en la última jornada de aquella temporada el equipo 'Bianconero' se llevó el Scudetto después de que la escuadra 'Viola' empatara, tras un penalti polémico, en Cagliari. "Meglio secondi che ladri" (Mejor segundos que ladrones) le cantan en el Artemio Franchi a sus rivales; a los 'poderosos' que les arrebataron a Roberto Baggio por 20.000 millones de liras; al equipo que barre en el Calcio. Y en medio de esa guerra de trincheras, de cañonazos y balones, se encuentran Pirlo y Borja Valero.

El seleccionador italiano, Cesare Prandelli, realizó la metamorfosis del 'catenaccio' al 'allegro' en el fútbol de la Fiorentina antes de mutarlo en la 'Azurra'. El tiki-taka italiano nació, ideológicamente, en la Toscana. El adalid de ese cambio, la pieza sobre la que giró la transición cultural y deportiva italiana fue Andrea Pirlo. De sus botas ha crecido el juego ofensivo de la 'Nazionale', mezcla de competitividad e intercambio de posiciones.

Sus pases y su tempo tienen un discípulo en Florencia. Borja Valero dejó España para reinar, con sus envíos, en el Artemio Franchi. "Pirlo es uno de los cincos mejores jugadores del mundo". Valero se rindió a su 'maestro' antes de retarse con él en el césped la temporada pasada. Llegó de la Liga con ganas de ordenar el juego violeta y de enfrentarse a su ídolo. Sus palabras escocieron en la 'Curva Fiesole' y estuvieron a punto de pasarle factura tras el choque celebrado en el Juventus Stadium de hace un año.

Secuencia entre Valero y Viviano. Fuente: calcioweb.eu
Las dos brújulas dirigieron con éxito a sus equipos aquella tarde de febrero. La Juventus encontró la victoria (2-0) gracias a las coordenadas de Pirlo, que realizó 92 pases con un 92% de éxito. El 88% de los envíos de Valero fueron buenos, aunque su mapa no llevó al triunfo a la Fiorentina. Manejaron a sus equipos, sacaron la escuadra y el cartabón para trazar las jugadas. Siempre corren con la mente más rápido que con las piernas. La batalla intelectual acabó con un abrazo y un intercambio de elásticas, fruto del respeto y la admiración, que despertó los más bajos instintos en los aficionados 'violas'.

El meta de la Fiorentina, Emiliano Viviano, cogió la camiseta de Pirlo que portaba Valero y se la tiró al césped. Un gesto que posteriormente explicó el ahora portero del Arsenal. "Quería evitar que mi compañero de equipo se presentase ante la curva de seguidores 'viola' con una camiseta juventina, para evitar que hiriera sus sentimientos", aseguró el cancerbero italiano. Un gesto poco gentil que sorprendió al jugador español. Sin embargo, el resquemor no pudo con la admiración. Borja Valero recogió su camiseta y se fue al vestuario con su preciado botín. En una realidad que comparten ambos, no hay ni insultos ni reproches. Solamente fútbol.

El pasado fin de semana, los arquitectos de la Fiorentina y la Juventus no estuvieron en el césped por sanción. Y el espectáculo se resintió. Nadie como ellos y su 88% de acierto en el pase, en un fútbol tan táctico como el italiano, para enaltecer el juego y dar sentido al balón. El Calcio se perdió uno de los grandes duelos del año. La Europa League disfrutará esta noche de ese privilegio. Cara a cara, toque a toque, Borja Valero y Pirlo, tobillos mágicos y ojos en la nuca. Regresan los 'artistas'.

Twitter: @jprada114

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