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Joel Campbell: El premio de mi desvelo


No sé si muchos conocerán mi problemática con el fútbol nocturno. Bueno, con el fútbol en general, no nos engañemos. Gracias a esta enfermedad, de fácil diagnóstico y difícil remedio, he podido observar incontables talentos futbolísticos antes de que pasaran a clubes mayores donde, una vez expuestos al foco público de la atención, se convertían en dominio público. Hasta entonces, estos jugadores se convierten en una especie de 'fetiche', una especie de 'ahijado', digamos, un 'protegido' como me gusta llamarlos a mí. Y claro, les coges cariño. Luego, en la medida de lo posible, le vas siguiendo la pista hasta que, rara vez (MUY rara vez) alguno de estos 'fetiches' logra un éxito personal que acaba de confirmar su carrera como futbolista en la élite. En ese momento, te sientes realizado. Como la madre sufridora que sonríe al ver a su hija tocar de violín concertino con la orquesta importante de turno y recuerda cómo destrozaba el Himno de la Alegría en sus inicios. Es una pequeña victoria personal, una apuesta arriesgada ganada. Es esa sensación.

La cuestión, no nos andemos por las ramas, es que andaba sumido en mitad de la preparación de los exámenes finales de curso de cierta carrera que me tocó superar en su momento.  Corría el año 2011. Y ahí estaba yo, buscando mi excusa futbolística de cada noche para no tener que enfrentarme a los libros que me miraban con cara de asesino desde el estudio. Lo encontré en el torneo CONCACAF sub 20, clasificatorio para el Mundial sub 20 que se iba a disputar ese verano en Colombia. Canada - Costa Rica, segunda jornada de la fase de grupos del torneo. El partido fue un baile tico que me tuvo entusiasmado y en vela toda la noche. Y ahí estaba él, con el '10' a la espalda. Joel Campbell.

En aquel entonces era un extremo izquierdo que pertenecía al Deportivo Saprissa pero andaba cedido en el Punterenas. Tenía 19 años. Individualista por exceso, el ataque de Costa Rica en aquel torneo era él. Entero, él. Y un gol me atrapó para siempre, uno de falta a Canada (1'33" del vídeo). Él se iba a convertir, desde entonces, en mi protegido




No me extenderé más. En ese torneo, hizo lo que le dio la gana con las defensas rivales, maravilló en un partido donde anotó un hattrick contra Cuba y acabó como máximo goleador de un torneo donde Costa Rica fue finalista, su mejor resultado en el torneo desde hacía 10 años. Tal fue su actuación, que ese mismo verano de 2011 encadenó tres torneos consecutivos de selecciones nacionales: la Copa Oro 2011 (5-25 junio), Copa América 2011 (1-24 julio) y, cómo no, el Mundial sub 20 (29 julio-20 agosto).

Seguía alucinado. Obviamente no era el único. Arséne Wenger lo fichó para su Arsenal justo al finalizar la Copa América y por el consabido permiso de trabajo no pudo incorporarlo inmediatamente. Fue cedido al Lorient, Real Betis y acabó este verano cedido en el Olympiakos griego, equipo Champions.



Ayer fue la figura del Olympiakos 2 - Manchester United 0 y marcó un golazo. Se dio a conocer al público general en la máxima competición de clubes del mundo y, desde la banda derecha, volvió locos a 'expertos' como Young y Evra. Fue su noche. Como lo fue aquella contra Canada o contra Cuba o Guatemala en aquel CONCACAF sub 20 2011... Casi tres años después. Ahí está. Y yo, como la madre de la hija que sonríe al ver que su apuesta personal ha triunfado, sonrío. Mi desvelo de aquel abril de 2011 tuvo premio: Joel Campbell.  Nos vemos en Brasil. Y pronto, en Londres.

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