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Open de Australia 2014: Resultados Jornada 12 (semifinales)

Rafael Nadal volvió a desdibujar a su máximo rival, Roger Federer, sobre la pista de Melbourne (7-6, 6-3, 6-3) y logró el billete para su tercera final en el Open de Australia. Allí se enfrentará con otro suizo, Stanislas Wawrinka, ante el que tendrá la opción de lograr su 14º Grand Slam con tan solo 27 años. El español quiere seguir haciendo historia. 

Nadal no dio ninguna opción a Federer en todo el encuentro

24 de enero de 2014 . JORNADA 12
SEMIFINALES

Flag of Spain.svg Rafael NADAL [#1]   VS   Flag of Switzerland.svg Roger FEDERER [#6]   (7-6, 6-3, 6-3)


La primera batalla de la noche se jugó al salir del túnel de vestuarios. Federer aparecía en el Rod Laver Arena ante 15.000 espectadores que vitorearon al primer contendiente de la noche. Luego salió Rafa y se cayó el estadio. El público, sin saberlo, le había dado el primer punto del partido al español.

Sobre la pista se enfrentaban el número uno y el número seis del mundo. Dicho así, parece que no fueran los dos mejores jugadores del nuevo milenio. Pero sí, eran Roger Federer y Rafa Nadal, en busca de la primera final de Grand Slam de la temporada. Los antecedentes sonreían al balear miraras por donde miraras: 22-10 en duelos directos, 8-2 a favor en Grand Slam y 8-6 arriba sobre cemento. En 2013 se vieron las caras en cuatro ocasiones y todas terminaron del mismo modo: Rafa con el puño en alto y Roger con la mirada gacha. Esta vez parecía que la historia sería diferente. El suizo contaba con nuevo entrenador, nueva arma y venía jugando de una manera brillante. De Nadal sólo se hablaba acerca de la ampolla que le acompañaba en su viaje desde octavos de final.

Federer no gana al español en un Grand Slam desde el año 2007
Los primeros juegos se resolvieron, más que por calidad, por los fallos de ambos guerreros. La presión de tener al otro lado de la red a quien tenían causaba respeto a la vez que pavor. Federer terminaba sus juegos más rápido. Nadal tardaba algo más de tiempo, pero eso era bueno para él, ya que desgastaba más a su rival. Hubieron pocos golpes ganadores, siendo la mayoría errores forzados ante tanto latigazo envenenado. La estrategia corrió a cargo del número uno, esa que ya es de sobra conocida por todos: bolas altas y con efecto al revés del suizo. Si algo funciona, mejor no tocarlo. Y así fue como, tras desembocar en el tiebreak, Nadal se apuntaba el primer set por 7-6. El partido estaba siendo flojito para lo que nos tienen acostumbrados estos dos extraterrestres, aunque la emoción era la de siempre, inalterable. Empezar perdiendo el encuentro ante Rafa significaba mucho para el helvético, ya que sólo en dos ocasiones había logrado remontar en esas circunstancias para acabar llevándose la victoria. Suficiente para pensar que el partido estaba más que encarrilado y que el de Manacor ya tenía cita previa con Wawrinka el domingo.

Pete Sampras observaba desde las gradas la rivalidad más bonita de la historia de este deporte. Uno le había desplazado de la primera posición en la tabla de ganadores de Grand Slam (17-14). El otro estaba a dos victorias de igualarlo (13-14). Sobre esa misma pista, Rafa había levantado en 2009 su sexto Major, precisamente ante Roger Federer. Desde aquel Open de Australia habían llovido otros siete grandes más, de todos los colores y ante todos los rivales. En el horizonte ya sólo quedaba Sampras, a solo una corona y el suizo a cuatro de distancia. Todo esto sin haber cumplido los 28 años.

En la segunda manga mantuvieron los papeles pero los protagonistas aceleraron el final de la película. La precisión del helvético descendió en todos los registros. Jugaba con un 52% de primeros saques y la gran revolución de su tenis se había quedado obsoleta ante el español: el juego en la red. Cada vez que el de Basilea escalaba hasta la malla para terminar el trabajo, se veía superado sin remedio por su rival. Enfrente ya no estaba Tsonga o Murray. Allí estaba Don Rafael Nadal Parera, rey del passing shot. De nada servía todo lo trabajado hasta ahora. Si de verdad quería ganar, le iba a tocar adjudicarse los puntos desde el fondo de pista, algo impensable si juegas contra un monstruo capaz de devolverte hasta la última pelota.

El break llegaría en el sexto juego. Rafa le rompía por primera el saque al suizo y lo confirmaba con su servicio, 5-2. Ya estaba hecho. Sin apenas tiempo para digerir el primer set, Federer se encontraba en desventaja en el segundo y veía como su maldición frente al español estaba cerca de sumar un nuevo episodio. ¿Qué hacer ante un jugador que te tiene minada la moral? ¿Cómo superar a un rival que sólo se ha dejado remontar una vez en su vida tras ir ganando por dos mangas? ¿Cuál es el secreto para batir a Rafael Nadal? La cabeza de Roger no fue capaz de responder a ninguna de estas preguntas. El parcial se fue al bolsillo del español (6-2) y aquello estaba visto para sentencia.

De nuevo derrotado por su 'bestia negra'

La cara de Federer era un poema. Seguramente uno que hablaba de tragedia, de melancolía, de autodestrucción. Lo había intentado todo, no solo hoy, sino a lo largo de toda su carrera, y todavía desconocía el secreto sobre cómo derrotar al jugador español. Su kryptonita particular. El suizo deambulaba por la pista sin dirección ni sentido, perdido en un mar de dudas, empapado de rabia y devorado por la ola de la resignación. Había jugado muy bien los cinco partidos anteriores, descaradamente bien si los comparamos con los de su temporada pasada. Rafa llegaba mostrando un juego estable, como casi siempre, pero sin demasiadas florituras. Avanzaba ronda a ronda sin demostrar esa pasmosa superioridad tan innata del manacorí. Además tenía la llaga, protagonista en todas las portadas de los periódicos y culpable de que en este encuentro, el helvético asumiera el papel de favorito. Pero nada de eso. El cuento se repetía de nuevo.

Como en todos los buenos largometrajes, hacía falta algo de suspense, algo que hiciera pensar al público que aquello no estaba terminado. En el tercer set, Roger salió a romper la pelota como última idea desesperada ante una pared indestructible e inmune ante las emboscadas del número seis del mundo. Tres juegos le duró la estrategia al suizo. De nuevo Nadal se apuntaba el break (1-2) y encarrilaba su clasificación hacia su 19º final de Grand Slam. Pero el de Basilea, herido en su orgullo, recuperó de inmediato el quiebre hasta llegar al empate a tres. ¿Había alguna oportunidad de que aquel resultado se volteara? Si alguien tenía la más mínima duda, la solución tardó escasos segundos en manifestarse. Rafa le rompió el saque a su rival, se anotó el suyo propio y de nuevo cosechó otra rotura para ganar el partido y la semifinal (7-6, 6-3, 6-3). Cuando la mente entra en juego, sea cual sea el momento del partido, el español siempre tiene las de ganar, es superior. Esa supremacía le viene desde pequeño, engendrada y puesta a punto por su tío Toni, que contemplaba cómo su sobrino se quedaba a una sola victoria de alcanzar un nuevo récord: levantar los cuatro torneos de Grand Slams en, al menos, dos ocasiones.

Rafa disputará su 19º final de Grand Slam
Como es habitual, debido a su buena relación, ambos superclase se estrecharon la mano en la red y se felicitaron por su partido con el español ejerciendo otra vez de psicólogo. Roger abandonaba el torneo aussie con buen sabor de boca pese a la derrota. Había desplegado un buen juego, competido con rivales duros y caído en una ronda digna. A partir del lunes será número ocho del mundo, su ránking más bajo desde hace trece años. En su cabeza poco a poco se sustituye la idea de "cómo ganar a Rafa Nadal" por la de "cómo evitar a Rafa Nadal". Puede que sea algo de la naturaleza, un principio que no se puede modificar. El suizo, considerado mejor tenista de la historia, tiene en el de Manacor su espina particular, el hombre que con solo situarse al otro lado de la red, le intimida y le causa náuseas. La rivalidad queda con un escandaloso 23-10 y con victoria del balear en 16 de los últimos 19 enfrentamientos. "Federer es el mejor de la historia pero Nadal es el mejor de los dos", aquellas palabras de Martina Navratilova calaron hondo en el mundo de la raqueta. Si Rafa sigue así, nos oblligará a enmendar esta declaración y aceptar que es el mejor en ambas.

En la final del domingo espera Wawrinka, donde se las verá con un hombre al que nunca ha podido vencer sobre ninguna superficie, ni siquiera arañarle un set en doce duelos. El número uno llevará la etiqueta de favorito en lo que podría significar su 14º Grand Slam, empatando con Pete Sampras y quedando a solo tres del récord de Federer. Stanislas, en cambio, no tendrá presión alguna. Pase lo que pase saldrá de Melbourne por delante de Roger en la clasificación, siendo por primera vez el suizo mejor colocado en el ránking ATP (3ª si gana, 6ª si pierde). Será una final muy desigual en números y estadísticas pero seguro que muy disputada sobre la pista, donde dos gladiadores lucharán por diferentes objetivos personales: uno por hacerse un hueco en la historia; el otro, por ponerla a sus pies.


Para más información sobre el Open de Australia, podéis visitar la sección TENIS en Plusmarca.es o seguirme en twitter: @fermurciego

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