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El deporte placó al rencor

"El deporte tiene el poder de cambiar al mundo”. Mandela usó el rugby para unir a una nación rota. Para tender puentes entre blancos y negros, entre compatriotas y enemigos. Sudáfrica lloró su muerte en un multitudinario funeral. La lluvia que cayó sobre el Soccer City se mezcló con las lágrimas de sus compatriotas. Un recinto deportivo fue la rampa a la eternidad para un hombre que cambió a su país por medio de la política y del balón ovalado.

El césped sobre el que España se proclamó campeona del mundo en 2010 fue el verde que dio el último adiós a Mandela. El lugar en el que había aparecido públicamente por última vez cerró su paso por la vida. Los jefes de estado y las personalidades más influyentes del planeta acudieron al funeral de Madiba. A su despedida.

El hombre que acabó con el apartheid por medio de la reconciliación usó el deporte como arma para la unión. El Mundial de rugby que Sudáfrica ganó en 1995 en casa fue un empujón vital para la formación de la nación ‘arcoiris’ con la que soñaba Madiba. Mandela usó un símbolo del racismo, un elemento unido a los afrikaners y odiado por los negros, para reunir a ambos alrededor de su causa.



“Mandela fue un ser humano extraordinario. Unió a su país cuando esa tarea parecía imposible”. François Pienaar fue el capitán de los Springboks que ganaron el Mundial y una pieza clave para que el polo verde y dorado dejara de ser un elemento de separación y se transformara en un nexo de unión.

Pienaar rezó en el Soccer City por Madiba. 18 años antes había recibido de sus manos una Copa que fue algo más que un trofeo. Contribuyó con sus placajes y sus ensayos a que la unión y el perdón triunfaran sobre el dolor y el rencor.

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